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martes, 12 de febrero de 2013

Auto-separación


Me cansé de dar explicaciones
De ser parte de las hojas amarillas
de rebuscar en números las aficiones
para dividirlas en cien mil caricias

A fines y confines de letrados
y de vestiduras en baúles guardados
el espejo que se jacta de la imagen atrofiada
se ríe burlezco entre la brigada
¿existe algo? O acaso el algo es realmente nada...

Abriendo el paso entre la indefinición de la vida
encuentro el rastro del sonido de la envida
ese lamento cotidiano de lo que quiere florecer
aullando estremecido sin poder envejecer

¿Qué te resulta? Haz de venir inquieto
sonriendo opulento, tu mejor máscara, 
deterioro interno, real virulento
Pudriciones y aseveraciones del ego
inflando caminos o haciendo campo el muy perro

Te metes en mí, como un ciego
viéndome en otra constelación, durmiendo
en otras frecuencias arrebatándome el sueño
¿quién eres? Acémila. Derroche de partículas, efímero unguento

Trepador de pieles y sabores de invierno
morador de calores, ladrón de puercos
tratándome de esclava 
al fin, sin antonomasia, dormitaba...
Pero siempre despierto.

martes, 15 de enero de 2013

Vaguedad



Estoy triste, y no sé por qué estoy triste
No me lo preguntes
Que las sábanas mal acomodadas de mi cama
Te dejen la certeza de esta mañana
Y arropen en mí esa sensación abandonada
No sé qué hace falta, no sé por qué no falta nada
Y entre la dualidad de esta coherencia,
La lógica a veces huye abrumada.

Estoy triste y no sé por qué estoy triste.
Tal vez sea que me arropas en tus sueños.
Aquel de lejos en el tiempo, un anillo sin dueño.
Tal vez aquel otro entre los recovecos,
Y el manto que cubrió todo su cuerpo

No lo sé
No sé si sea la tristeza, o la distancia,
No sé si sea tu ausencia, o tu presencia,
O simplemente no sea nada

No me preguntes por qué no he hecho la cama
Por qué el desayuno está frío servido en la mesa de la sala
Y tengo hambre desde horas pasadas
Es absurdo, pero la vestimenta de lo cotidiano
Me trae de la mano
Alguna  maña disfrazada.

No estoy triste y no sé por qué lo estaba
Y se mecen las telas con esa brisa cotidiana
Y yo tengo en los libros de mi armario
Imágenes grabadas,
¡Oh la nostalgia!
Era la tristeza de la nostalgia guardada…

Ana Lía Casvar

Diarios Solemnes I



En el aire que se ahoga entre las sábanas de un suicida en caos
Incluso en la podredumbre estimulante del cuerpo ya vacío de alma
En la rabia del mulato desesperado chapoteando el fango
En la impotencia de quien amarrado se despoja de la vida sin alzas.

En el llanto abrumante de una madre con su hijo muerto en brazos
En el silencio que excita al rico y desgarra el estómago del que muere de hambre
En vigilia de la noche que ya no trae ni esperanzas, ni agüizotes, ni fríos manotazos
Se esconde la humanidad que sólo a veces parece ser sensible en medio enjambre

Y si la ley te atormenta, no como el dominio de un padre,
Sino como un establecimiento de mentiras vueltas verdades
Y si la religión te desvirtúa, al punto de a  la agresión aferrarte
Decimos que la lógica y este mundo son dos cosas aparte

Y en las alcantarillas de basura acumulada se desborda la inutilidad saturada
De todo y cuanto hemos creado en vano, sin haber creado nada

Y divisamos la colina, la montaña, la pocilga
Buscamos desesperados en el álbum de la vida
Agujeros negros, tristezas, vivencias traumáticas, rebeldía
¿De quién es esta culpa? ¿A quién le señalamos?
De qué manera tan abrupta, pensamos que ganamos…

El bufón de los cortesanos, de la nobleza, de los  millonarios
Somos cada uno por pretender vivir en un mundo que ya no está hecho para que vivamos.
La muerte nos ampara como un final feliz y resulta ser la vida casi una aventura en vano,
Pero que igualmente nos trae la esperanza que otros creen que nos han quitado.

¡Salud desde la tétrica vivienda!
En donde el pantano es más hermoso que cualquier edén de lujo,
Desde donde la oscuridad me enseña a crear la luz que sorprenda
En lugar de depender de la falsa claridad que se mal introdujo.


Ana Lía Casvar